jueves, 10 de febrero de 2011

Si bien vengo recorriendo varias provincias argentinas en este verano pre electoral, no he visto al momento otra experiencia de contacto personal y de búsqueda y detección del activo ciudadano, que la que desarrolla la Unión Celeste y Blanco en la Unión PRO bonaerense. El equipo de Campaña de Francisco de Narváez ha diseñado lo que se denominan Foros por la Provincia. El esquema no es nuevo y mucho menos novedoso. En Buenos Aires se utiliza con ese mismo formato desde al menos las elecciones legislativas de 1997 (En lo personal lo implementé en la Municipalidad de San Fernando, Buenos Aires, en 1996 denominándolos "Jornadas Consultivas y Participativas de la Comunidad" y se sigue usando ahora) . Lo han utilizado candidatos opositores, intendentes en ejercicio, legisladores y con un esquema parecido, hasta pastores evangelistas.

Francisco de Narváez en un "Foro por la Provincia".
El candidato a gobernador, luego de escuchar las
conclusiones, hace un balance de lo tratado.

En 1999, en la carrera de Ruckauf-Solá por la Gobernación bonaerense estuve a cargo, junto a otros compañeros, de esa campaña. La habíamos llamado "Mejor es hacer". El sistema, hace 20 años, se denominaba trabajo en Talleres y si se busca bien, también era utilizado en la década de los 70 por diversos sectores del peronismo, los cursillistas, los palotinos y otras organizaciones católicas.

¿Pero cuál es la necesidad de instrumentar en las primeras etapas de la campaña electoral estas jornadas y cuál es el valor práctico de hacerlo? En toda la Argentina los comandos electorales y las campañas de todos los candidatos están en una encrucijada: ¿Cómo llegar a la gente? Lo que hemos visto este verano es muy pobre: Caminatas de los candidatos en los centros de veraneo, pintada y cartelones en las rutas, alguna que otra declaración altisonante en los medios locales y no mucho más.


Muchos de ellos han perdido parte del tiempo más valioso que hay en una campaña que se inicia. Que no es otro que aquel que está más lejos del día de las elecciones. A medida que se acerca el comicio la gente deja de prestar atención, los oye pero no los escucha, los ve, pero no les presta atención. Es la maldita disonancia cognitiva y la existencia de un elector altamente sofisticado y adiestrado para detectar de inmediato aquella información que no es relevante en su vida cotidiana.

En la campaña electoral se busca conectar entre lo que el elector piensa y siente y lo que la campaña está diciendo y sobre lo que tratando de ser escuchada. La campaña electoral poco tiene que ver con la campaña política. Esta última está basada en contar a los ciudadanos qué piensa un político o agrupación, su sistema de valores y creencias. Mientras que la campaña electoral se orienta en buscar y lograr la conexión entre lo que ya piensa (y siente) el ciudadano y lo que estamos diciendo.

En una campaña electoral exitosa NO se busca incorporar información nueva entre el electorado sino en encontrar las coincidencias. De allí el valor estratégico de los grupos focales, las encuestas y los estudios de opinión.

Hoy estamos a 10 meses de la elección general en Argentina. Esta etapa es la de la "excusa". La excusa que nos permita acercarnos al vecino, en tanto futuro elector. Pero lo que tenemos que tener claro es que en esta etapa NO es un elector. Se convierte en elector cuando comienza a considerar su voto. Cosa que no está haciendo ahora. Puede que termine haciéndolo en la fila de votación, o en el colectivo rumbo a la mesa electoral, o tres meses antes, pero no ahora.


La consulta vecinal

El esquema es simple: Se invita casa por casa, mediante una pieza gráfica que se pasa debajo de la puerta si no hay recursos humanos suficientes para tocar el timbre, en el que se convoca a los vecinos de un barrio a una jornada de consulta sobre diversos temas que se incluyen para que sean considerados. Estimativamente de cada mil vecinos invitados, concurrirán 100 o 120 en un buen sábado y en un barrio bien trabajado.

Se los divide azarosamente en mesas de 10 y con un coordinador de la campaña se avanza punto por punto en los diferentes temas a analizar: Seguridad, juventud, salud, infraestructura, limpieza, necesidades, etc. Cada grupo arriba a conclusiones que después se leen a nivel general y se las presenta al candidato que hace un cierre sintetizándolas. De punta a punta dura dos horas. Se les sirva café, jugo y masitas, se los atiende bien. Porque aunque a la gente le encanta dar su opinión, se han tomado el trabajo de perder medio sábado con nostros. Simple.

¿Demasiado simple? Sí. Pero altamente efectivo. En principio porque ese 10 por ciento (los 100 de los mil invitados) son el activo del barrio o la localidad. Es gente altamente motivada por sus reclamos, necesidades y tiene explicaciones y propuestas sobre los problemas que observa o sufre. Ya ha llamado a los teléfonos del municipio, la delegación o la provincia. Como está enojado, ya ha hablado con sus vecinos, sus compañeros de trabajo y con los comerciantes del lugar.

Hace catarsis, ordena sus ideas, las discute y sopesa con otros que como él están en tema, ajusta su discurso a las mejores soluciones, les da forma para poder ser leídas rápidamente al final. Si es bien tratado por el organizador, sentirá que es considerado, que es una pieza valiosa y que lo necesitan. Conocerá a nuestro candidato personalmente y dependerá de éste si logra seducirlo y contagiarlo con la idea.

A la vez, el candidato tendrá un gran Focus Group, los militantes invitados a oír, precisamente escucharán los verdaderos problemas (no los que a ellos se les ocurre o imaginan) y se mezclarán con vecinos "reales". Si el candidato tiene una mínima estructura, varias de esas propuestas podrá llevarlas con sus concejales al debate en la ciudad o los medios , o engrosarán los materiales de campaña generales y los específicos del barrio. La cifra tampoco es importante. Si van cien mejor, si van 20 también. Es una cuestión de escalas.

Al final lo que quedará es el desafío de fidelizar a los concurrentes. Se les enviará a la casa las conclusiones pasadas en limpio e impresas. Se lo volverá a invitar para tratar un tema particular, para consultarlo sobre algo específico, se lo convocará tomar un café con el candidato, lo que sea para mantenerlo "cerca" e informado y principalmente que sienta que es considerado por la campaña.

Como se decía al principio, nada nuevo. Pero es una "vuelta de tuerca" altamente efectiva a la hora de contactar personalmente a nuestros públicos. Esta guerra es de uno en uno, casa por casa. Porque un candidato no gana por dos mil o 25 mil votos. Los sobres en las mesas de votación, a la hora del escrutinio, tienen un sólo voto adentro.

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