martes, 25 de enero de 2011

Neurocientíficos del Instituto Max Planck presentaron recientemente sus descubrimientos en torno a que ciertas melodías activan zonas de nuestro cerebro que generalmente permanecen estáticas a las estimulaciones externas. Esas melodías, que actúan bajo el sistema emocional (no racional), elevan los umbrales de atención, apercibimiento e implicación.

En un contexto emocional se produce una percepción más selectiva y discriminadora que pone en marcha mecanismos de “fast cognition” que hace más operativa la respuesta. Nos pone en guardia, o limita las barreras asociativas y en la comunicación genera concentración y foco intelectual. No podríamos ni aunque quisiéramos recibir toda la información con la que somos bombardeados desde “el afuera”.

Vivimos y percibimos en un estado de latencia inconciente. Son los estímulos que llegan por sistema emocional los que tienen prioridad para hacernos perder el estado de registro inconciente y aflorar más rápidamente a nuestro nivel conciente. Sin embargo su utilización de estos conocimientos como herramienta de comunicación política resulta esporádica, anárquica y poco profesional.

Según la gente de Max Planck, independientemente de la música, las letras y los gustos culturales de cada individuo, las cadenas de sonidos surgidas de las melodías predisponen al cerebro a abrirse a recibir información que de otra manera no ocurriría.



Entre los temas de mayor receptividad se encuentran "I Wish That I Could See You Soon" de Herman Dune; "Sweet Caroline" de Neil Diamond, Suspicious Minds de Elvis Presley; "You Don't Have To Say You Love" de Dusty Springfield , Father & Son de Cat Stevens y "Bella Ciao", canción popular de la resistencia partisana antifascista; y lo llamativo es que entre las melodías latinas más activantes se encuentra en primer lugar "Susanita tiene un ratón" de Emilio Aragón del grupo Gabi, Fofó y Miliki y entre otras conocidas, "Si me dejas no vale" de Julio Iglesias.

El descubrimiento permitirá impulsar nuevas investigaciones que beneficien a áreas de las industrias como el Marketing, la Comunicación Social, la Publicidad y por supuesto las campañas electorales, en cuanto a enfocar y afinar la selección musical de las piezas que mejor sean recibidas por los ciudadanos en tanto consumidores, usuarios o votantes.

Es que cuando estamos o creemos estar bajo situaciones estrés, y por el contrario, frente a temáticas poco importantes para nuestro sistema de valores cotidiano, como lo es en general la política, lo hacemos con la parte trasera de las áreas del cerebro donde el que manda es el sistema límbico. Es decir lo más importante para nuestra supervivencia y lo menos importante para nuestra vida cotidiana se procesa en el mismo lugar.



El cerebro humano no está capacitado para seleccionar racionalmente qué información abstracta (como la política) ingresa o no en el sistema. Cuando más necesitamos de nuestro pensamiento crítico no podemos utilizarlo por cuestiones adaptativas. La amígdala y otras partes del cerebro que han sido nuestras principales áreas de pensamiento durante mucho más tiempo que el lóbulo frontal se rige por la emoción.

Eso lo saben y se expresa como tendencia entre los anunciantes de las empresas, los políticos innovadores, las religiones electrónicas y otras ofertas que surgen del abstracto conceptual para explotar los defectos del sistema cerebral del hombre moderno. En lo que respecta a la política ocurre con mayor nitidez en momentos de temor o fatiga frente a las advertencias constantes de real imaginado o amenazas medianamente creíbles que se expresan en la sociedad.

Quienes estamos en campañas políticas y comunicación de gobiernos sabemos por experimentación directa o medición sociológica que ciertos temas musicales actúan como "abrepuertas" a otros (nuestros) mensajes. Ahora tenemos un basamento científico más para convencer a nuestros clientes de la oportunidad o no de utilizar determinadas canciones.

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